martes, 27 de septiembre de 2016

EL BLANCO ES LA REVOLUCIÓN (III Y FINAL) Con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón

EL BLANCO ES LA REVOLUCIÓN (III Y FINAL)

Con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón

El evento realizado los días 12 y 13 de septiembre en Miami, Cuba, Cuba Internet Freedom (CIF) fue un fracaso en mu­chos sentidos

El evento realizado los días 12 y 13 de septiembre en Miami, Cuba, Cuba Internet Freedom (CIF) fue un fracaso en mu­chos sentidos: baja y pobre participación de verdaderos especialistas en las TIC, la presencia de individuos muy poco preparados para lanzarse con seriedad al análisis de los temas propuestos, el diletantismo a raudales; las ponencias fueron de una gran pobreza científica, alejadas de la realidad de Cuba e intelectualmente deplorables. No podía ser de otra forma, la misma concepción del evento era una falacia.
Pero tuvo algo bueno y fue que permitió ver con claridad, expuso a la luz pública cuales son los «nuevos» planes contra la Revolución y quiénes son sus aliados y servidores. Con­firmaron nuestras sospechas y ratificaron muchas certezas.
El denso tejido de los planes contra la Isla, la perfecta armonía con que actúan nuevos y viejos correligionarios, la alianza estrecha entre los «tradicionales» enemigos y los de nueva hornada quedó al descubierto. Muchas caretas quedaron sobre la calle después del carnaval CIF de Miami.
Desde allí llamaron varias veces por teléfono el día 12 «preo­cupados» por supuestas represalias cometidas contra periodistas en Cuba; curiosamente preguntaban por gente que aparenta posiciones neutrales, alejadas de los tradicionales asalariados yanquis, gente de la «nueva» prensa. La primera idea que me vino a la mente fue ¡qué torpeza!
Son tiempos complejos, a algunos compatriotas y también a algunos amigos de la Revolución en el exterior, se les hace difícil identificar quién y dónde está el enemigo; hoy el discurso enmascara y confunde a quien no esté bien informado; a ellos les reitero un consejo de vieja estirpe: pregunte de dónde viene el dinero, quién paga y para qué.
Nada hoy es espontáneo, lo que está haciendo la «nueva» prensa camaleónica y aliada de la prensa corporativista y orgánica del capitalismo no es otra cosa que obedecer a un plan trazado y financiado desde el centro del poder estadounidense.
Los disparos cambian aparentemente de objetivo, pero el blanco es el mismo: la Revolución, sus instituciones, sus defensores.
La prensa popular revolucionaria —lenta, acostumbrada a moverse en el campo minado de las campañas enemigas que se aprovechan del menor error, que están a la caza del menor espacio donde descargar sus armas—, no ha logrado alcanzar la altura de vuelo que la Revolución necesita, pero lo que sí todos sabemos y el mundo reconoce, es que no hay otra más honesta, más limpia, más ética, más comprometida con la patria.
«El periódico debe estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano, y la espuela en el tacón. Al menor accidente, debe saltar sobre la silla, sacudir la fusta, y echar a escape el caballo para salir pronto y para que nadie llegue antes que él… Debe desobedecer los apetitos del bien personal, y atender imparcialmente al bien público… En cada artículo debe verse la mano enguantada que lo escribe, y los labios sin mancha que lo dicta. No hay cetro mejor que un buen periódico», publicó Martí en el periódico Patria Sobre periodismo en 1892.
¿De dónde parten en verdad los disparos? De aquellos que quieren inyectarle a los cubanos la ambición desmedida, el gusto por lo banal, lo superficial, por aquella otra «gran prensa» que vende las imágenes ensangrentadas de un atentado, no a modo de denuncia sino por morbo, por satisfacer y re­crear el gusto de la sangre, por entretener y adormecer a golpe de titulares acríticos a la gente, para que no piense, para dominarlos mejor. ¿Qué son, Paparazzi o periodistas?
Portadores de la mediocridad informativa que invade al mundo de hoy, de la ausencia de crítica veraz, no embustera, interesada o con fines de manipulación política, faltos de independencia terminan siendo profesionales que solo se limitan a poner la mano al final del mes. ¿Esa es la prensa que queremos? Además ¿Anexionista? ¿Neo-Plattista?
Cualquiera puede cometer un error, tenemos el derecho a equivocarnos y rectificar miles de veces; tenemos el derecho a defender nuestra posición si la consideramos correcta, pero cuando le ponemos precio a nuestra conciencia, cuando alquilamos el alma al mejor postor, dejamos de ser, nos convertimos en mercancía barata que termina moldeando su esencia a gusto del amo. Servir al enemigo por dinero es la peor de las traiciones, no le busquen subterfugios éticos, no hagamos filosóficas abstracciones, traidor es traidor, vendepatria es vendepatria.
Se pueden tener diversos criterios, visiones y proyecciones diferentes sobre el futuro de Cuba; defendemos el derecho a discrepar, pero, ¿venderse?, eso es otra cosa.
Podemos estar en el filo de la navaja, transitar por el angosto ángulo de corte, resbaladizo. De quebrar la ética a caer en el terrible abismo, en el círculo del infierno a donde van a dar los traidores, solo hay, ¿cuánto?, unos dólares de distancia.
Recuerden: el blanco verdadero es la Revolución.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Malvinas: seguimos sufriendo derrotas

Por Guillermo Martin Caviasca, Marcha /Resumen Latinoamericano, 24 septiembre 2016.- La declaración dada a conocer el pasado 13 de setiembre entre la cancillería argentina y el encargado de Commonwealth es una vuelta de tuerca más y actualiza el camino iniciado en 1989/ 90 con los acuerdos de Madrid 1 y 2 firmados por Carlos Menem.
En relación con el radical cambio que la política argentina realizó en aquella década, la diplomacia y específicamente la cuestión Malvinas comenzó el camino que hoy el gobierno del PRO esta profundizando. En el 89/90 se acordaron una serie de puntos cuya similitud con los actuales no debería sorprendernos.
Haciendo un poco de historia los resumiremos en tres, por ser los más importantes y que engloban al resto.
-Paraguas de la soberanía: que Argentina y Gran Bretaña normalizarían relaciones y avanzarían en acuerdos, económicos, diplomáticos, culturales etc. sin que el tema de la soberanía sobre la región fuera tomado en cuenta, ni mencionado, ni afectado, directa o indirectamente.
-Acuerdos económicos: punto central, que hace a la viabilidad de la ocupación británica, se avanzaría en acuerdos que facilitaran la explotación pesquera en la región (ese es el rubro que explotó a partir de la época menemista y que permitió la gran riqueza que generan las Islas) y el apoyo a la exploración petrolera.
-Acuerdos militares: Las fuerzas armadas argentinas debían informar a Gran Bretaña, con diversa antelación de acuerdo al caso, de cualquier tipo de movimiento en una zona que abarcaba el conjunto del atlántico sur occidental. Básicamente colocaba a las FFAA nacionales en situación de tutelaje, ya que especificaba número de aviones y efectivos, tiempos y demás que las autoridades militares de las islas debían conocer.
El acuerdo de 1989/90 es la rendición real de argentina, profundizaba mucho las consecuencias de la derrota militar y se asemeja a los tratados que en la época del imperialismo clásico las potencias imponían a los países que buscaban subordinar. Nunca fue ratificado por el congreso. Aunque sí fueron aplicadas dos políticas que emanan de ese tratado. Una: el Tratado bilateral de inversiones, que está específicamente mencionado en los acuerdos de Madrid y que da garantías extraordinarias a las inversiones británicas en Argentina, y sí fue ratificado por el congreso. Y el desmantelamiento del conjunto de los instrumentos militares que en su carácter pudieran implicar alguna amenaza hacia potencias externas. Es de destacar que Inglaterra ha realizado sus movimientos militares en las islas sin consultar en ningún momento a las FFAA argentinas, mientras que Argentina ha respetado escrupulosamente el texto, acentuando la subordinación. También los movimientos a informar se extiendían a lo civil, científico y económico.
¿Cuál es la doctrina ideológica que regía la diplomacia de los “winnie poo” ahora en restauración?
Es la idea de que un país periférico, débil y dependiente, no debe realizar acciones, declaraciones o políticas que aparezcan como disruptivas hacia las potencias dominantes, ya que a la larga estas políticas resultarían perjudiciales. Teoriza esta corriente que, en un balance de costos y beneficios, lo que debe hacer un país débil es “seducir” a las potencias, acoplarse a ellas, realizar hechos y gestos de amistad e intercambio. Así esta “sociedad”, desigual pero la única posible, traería beneficios que redundarían en mayor bienestar.
Es la otra cara, en relaciones internacionales, de la globalización, la dependencia, y la teoría del derrame en lo interno: apoyemos el crecimiento de los ricos, sumémonos a ellos, seamos buenos y condescendientes con los poderosos, que en su enriquecimiento los beneficios llegaran a pobres periféricos como nosotros.
Bajo los gobiernos kirchneristas el discurso cambió al igual que la doctrina que guió las RREE. El discurso en los diversos foros y la presión diplomática se tronó mas activa, en consonancia con el relato nac&pop y la ubicación geopolítica en Latinoamérica
Se probaron una serie de medidas, como La ley Gaucho Rivero (que fue aprobada a nivel provincial pero no a nivel nacional) que impide que buques con dirección a Malvinas anclen en puertos argentinos. Se pusieron algunas trabas a la vinculación libre entre las islas y los países sudamericanos (aunque siguen habiendo vuelos desde Punta Arenas y barcos desde Uruguay). Se aprobó el “Régimen Federal Pesquero” del 2012 que perjudica a las empresas que pesquen en el sur sin permiso de pesca argentino. Se declararon áreas protegidas. Se trabajó (con éxito en este caso) para que la ONU reconociera derechos sobre un nuevo y extenso sector del mar (350 millas) aledaño a las islas del sur y Antártida. Y la justicia sancionó a empresas petroleras que operan en Argentina y que se sumaron al grupo que busca petróleo con base en las Islas.
Aunque ninguna de estas medidas impidió la expansión económica del enclave colonial, ni colocó en problemas el dominio británico; sí mantuvo la presión diplomática y una cierta tensión económica. Tampoco alcanzó a revertir el saqueo sobre los mares del sur, ni instaló una flota pesquera propia en la región como actor económico nacional. En realidad los recursos marítimos, lo mismo que los mineros y otros quedaron articulados al mercado transnacional y su dinámica. El gobierno parecía buscar la negociación con Inglaterra para facilitar la explotación de los recursos de la zona a cambio de sentar a los ingleses en una mesa de negociación que incluyera soberanía. Tampoco produjo una distensión militar, más bien, por el contrario al base británica es una fuerte amenaza en la región, ya que es una política de estado británica sostener su principal encalve colonial con mayor proyección geopolítica. Pero es indudable que la política kirchnerista, de no colaborar con los británicos, es un costo adicional para la explotación de los recursos del sur (crean un clima adverso a la inversión), no tanto para los pocos kelpers (los principales ingresos, mas de 300milones de u$s parten del pago de permisos por parte de las empresas pesqueras y después por inversiones petroleras); pero si para los ingleses que aspiran a un boom de inversiones. Y que reinstaló el tema en la agenda nacional.
El nuevo gobierno de gerentes carece de toda identidad nacional, esto hace que la asunción de la tesis diplomática que planteamos más arriba sea reinstalada con entusiasmo. La declaración conjunta anunciada por la canciller Malcorra junto al ministro de Estado para Europa y las Américas de la Secretaría de Relaciones Exteriores y Commonwealth británica, Sir Alan Duncan, es un “vuelta a la normalidad” (menemista) en la cuestión Malvinas. Es una declaración, aún no es un acuerdo formal, pero anuncia el camino de corto plazo y de hecho su simple anuncio llevó a que las acciones de las empresas británicas interesadas en explotar recursos de la región subieran.
Estas son las concesiones que busca realizar nuestro gobierno:
-Vuelve plenamente al “paraguas de la soberanía”, o sea que todas las políticas y acuerdos puedan realizarse sin incluir ese tema.
-Promete apoyar la comunicación directa de las islas con el resto del continente aumentando así su sustentabilidad y viabilidad como entidad separada de argentina
-Promete facilitar y colaborar con la explotación de los recursos de las islas, mejorando las perspectivas de los inversionistas, ya que la colaboración del continente es muy importante en el caso de que haya gas y/o petróleo al menos para toda la etapa inicial.
-Impulsa eliminar todas las trabas legales, de transito, económicas y diplomáticas a las empresas que operen directamente con Inglaterra o con los kelpers, creadas durante la década kirchnerista.
-Sorprendentemente menciona por primera vez a la Antártida, región de muy antigua, numerosa e importante presencia argentina, pero sobre la cual Inglaterra también tiene aspiraciones. En ese ítem la declaración anuncia que se trabajara en común con los ingleses.
Como vemos la declaración es la reubicación de la diplomacia “nacional” en la órbita de los intereses británicos, profundiza lo hecho por el menemismo, haciendo cada vez mas profunda la derrota del 82. Busca modernizar algunos puntos con las nuevas perspectivas hidrocarburíferas (potenciales aún) y geopolíticas, no incluye el tema militar ya que las FFAA argentinas no existen como amenaza ni siquiera teórica, pero si destaca cuestiones diplomáticas y jurídicas que molestaban a la potencia colonial ocupante. También desarrolla un ítem en línea de reafirmar el tratado bilateral de inversiones heredado del menemismo. El acuerdo se propone en un momento difícil para Inglaterra, con su salida de la UE y con el agotamiento del petróleo en el mar del norte, situación que por el contrario debería haber favorecido una presión más agresiva de nuestro país.
La política que se reimpulsa, los convenios y propuestas de acuerdo que se desprenden de ella, se asemejan a los tratados que durante el siglo XIX las potencias coloniales imponían a los estados que se sometían a vasallaje con status de semicolonias. Viola la constitución nacional, al tratar como negocio con países extranjeros la explotación de recursos de un territorio definido en la carta magna, específicamente, como sujeto a reivindicación.
Hablar de “infame traición a la patria” no suena exagerado, sin embargo el tema Malvinas y las políticas que describimos se encuadran en una línea que abarca a personajes más numerosos que los de la actual gestión, como vimos, y que se extiende a cuestiones mas amplias que Malvinas.

Por la Libertad de #MilagroSala

Graciela Ramírez editora y jefa de la Corresponsalía de Resumen en Cuba, envía sus saludos y su solidaridad a la compañera Milagro Sala y a todos y todas los/as presos/as políticos/as, que la Alianza Cambiemos tiene en la provincia de Jujuy, once hasta el momento.

Link al VIDEO
https://www.facebook.com/246515375683213/videos/338689683132448/?hc_ref=PAGES_TIMELINE#  

Habló la jueza de la causa Nisman

Redacción

Domingo 25 de Septiembre de 2016


La jueza Fabiana Palmaghini afirmó que en la muerte del fiscal Alberto Nisman "el abanico de posibilidades es el mismo desde el principio: Suicidio, suicidio inducido u homicidio" y dijo que el ex espía Antonio Stiuso "no aportó nada relevante ni decisivo a la causa" que la semana pasada fue elevada a la justicia federal. "Creo que me apresuré a declararme incompetente después de la declaración (de Stiuso)", admitió Palmaghini en otro tramo de la nota que concedió a Tiempo Argentino, en alusión a la decisión que adoptó el 1 de marzo pasado. La magistrada aclaró que si bien el ex espía sumó elementos que le hicieron entender que no podía seguir a cargo del caso, "en términos de la investigación en sí, lo que dijo no aportó nada relevante ni decisivo a la causa" y agregó que "él mismo dijo que no tenía prueba directa sobre el homicidio". "Yo nunca puse 'homicidio' en la resolución. Pero la investigación no está terminada", remarcó, a la vez que confesó que "a lo largo de todo este tiempo había momentos que pensaba una cosa y luego aparecían datos que me llevaban para otro lado. No sé qué fue lo que pasó", señaló. Palmaghini, también, elogió el trabajo de la fiscal Viviana Fein, que investigó el caso hasta abril pasado, y afirmó que "es una mujer honesta y puso lo mejor de sí para esta investigación". "Cuando detectamos errores los señalamos y marcamos -a modo de sugerencia- cursos de acción", explicó y añadió que "a veces nos escuchó y otras no". Cuando se le preguntó si recibió presiones del gobierno anterior, la respuesta fue negativa: "Nunca. No me llamaron, no me "operaron", no me mandaron emisarios". En tanto, recordó que la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner respondió públicamente a una de las críticas que hizo a través de su cuenta personal de Facebook: "Escribí en mi muro y lo hice para mis amigos. Lo hice como persona, no como jueza. Cuando trascendieron esos mensajes entendí la dimensión que tenía esta causa".

Habló la jueza de la causa Nisman

SER REVOLUCIONARIO EN CUBA, HOY


¿Qué significa ser revolucionario? Los estudiosos del marxismo saben que en sus orígenes, el partido socialdemócrata se fracturó: los reformistas, cada vez más alejados de las concepciones de Marx, se quedaron con el nombre y los revolucionarios crearon el partido comunista. La polémica “reforma vs. revolución” tiene una larga historia. Ahí están los textos de Lenin, de Rosa Luxemburgo, entre otros.
Pero la definición o la opción revolucionaria, y su existencia práctica, no son exclusivas de un partido o de una clase social, aunque sí de una época. Porque los burgueses fueron revolucionarios en su momento. Y el movimiento anticolonial en la era del imperialismo tuvo por lo general un carácter revolucionario. José Martí creó el Partido Revolucionario para lograr la independencia de Cuba, y dicen que hablaba de la revolución necesaria que habría de iniciar una vez alcanzado el poder.
Por eso, me gusta hacer referencia a la tradición cubana del término. Cintio Vitier, por ejemplo, asumiendo los riesgos reductores de cualquier agrupamiento, establece dos tendencias “espirituales” en el último tercio del siglo XIX: la revolucionaria (independentismo, modernismo literario, antievolucionismo) y la reformista (autonomismo, preceptismo literario, evolucionismo positivista).
Lo cierto es que Revolución es Creación, salto sobre el abismo, o sobre el muro de la aparente imposibilidad –“seamos realistas, hagamos lo imposible”, decían los estudiantes parisinos del 68–, mirada de cóndor, pero es sobre todo una toma de partido “con los pobres de la Tierra”. Si tomamos a José Martí como modelo de revolucionario, observaremos en él tres características que se repiten en Fidel Castro:
1. Opción ética antes que teórica: se adopta una teoría para luchar contra la explotación, y no a la inversa. Es vocación de justicia social. “En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre”, escribía Martí. “El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor”, acotaba Ernesto Che Guevara. “Es precisamente el hombre, el semejante, la redención de sus semejantes, lo que constituye el objetivo de los revolucionarios”–ha dicho Fidel. El poeta revolucionario salvadoreño Roque Dalton se burlaba de las posiciones esnobistas de la pequeña burguesía en estos versos:
Los que
en el mejor de los casos
quieren hacer la revolución
para la Historia para la lógica
para la ciencia y la naturaleza
para los libros del próximo año o el futuro
para ganar la discusión e incluso
para salir por fin en los diarios
y no simplemente
para eliminar el hambre
para eliminar la explotación de los explotados.

Hay revolucionarios que desconocen la teoría marxista. Y hay académicos marxistas muy conocedores de cada texto, de cada frase de Marx, que jamás han salido a la calle, que son incapaces de sentir, de vibrar, con el dolor o el júbilo ajenos, que no militan; esos académicos “marxistas” no son revolucionarios. Tampoco son continuadores de Marx. Uno de los resortes formadores y auspiciadores de una Revolución, es la solidaridad.
2. Radicalidad en la comprensión y en los actos; el revolucionario busca la raíz del problema, aún cuando no pueda extirparla de inmediato, aún cuando se equivoque al señalarla, y pasa rápidamente a la acción. A diferencia del reformista, no pretende mitigar el dolor o enmascararlo, sino eliminar la enfermedad.
3. El revolucionario es una persona de fe. No en el sentido religioso. Ninguna declaración mejor que la que hace Martí (otra vez Martí) a su hijo, en la dedicatoria del Ismaelillo: tengo, le dice, “fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti”. Fe en el pueblo, en sus capacidades. El revolucionario entiende los límites aparentes de lo posible, y los trasgrede, porque cree en el pueblo. En esto también se diferencia el reformista, que por razones de clase desconfía o subestima al pueblo. Creer, no es extirpar la duda; los revolucionarios vivimos la angustia de la duda, que es la del conocimiento. Sin embargo, el cínico es contrarrevolucionario, aunque no lo sepa.
Algunos ideólogos de la contrarrevolución reducen la actitud revolucionaria al acto violento, al uso de las armas. Como si las revoluciones armadas no ocurrieran en respuesta a la violencia del poder burgués. Ser un radical –ir a las raíces–, no es optar por la violencia. En su afán por desideologizar hasta el mismísimo concepto de revolución, pretenden hacer pasar como acciones revolucionarias las revueltas violentas de los politiqueros de la seudo república, que querían hacer valer el poder personal.
Ni siquiera los antimachadistas o antibatistianos eran necesariamente revolucionarios. Y contraponen el socialismo revolucionario al que llaman “democrático” (socialdemócrata), porque aquel no respeta el orden burgués. El socialismo no solo puede, sino que debe ser democrático, aunque no en el sentido que el sistema capitalista otorga al término. Debe y puede ser más participativo, más inclusivo, más solidario, más representativo. Debe y puede defender la individualidad, no el individualismo, porque el socialismo es el único camino capaz de transformar a las masas en colectivos de individuos.
Ciertas cualidades o virtudes éticas constituyen el fundamento o la base sobre la que se erige un revolucionario. Pero es una ética esencialmente política, social, no privada, que no puede vaciarse o desligarse de las contradicciones fundamentales de la época. No se es revolucionario con respecto a los intereses personales, sino de cara a la sociedad. Hay personas conservadoras –por razones biográficas, y quién sabe si hasta por razones genéticas–, que repelen los cambios bruscos, la incertidumbre de lo nuevo, que disfrutan el orden y la rutina.
No son contrarrevolucionarias. En sus Palabras a los intelectuales (1961), Fidel Castro decía: “Nadie ha supuesto nunca que (…) todo hombre honesto, por el hecho de ser honesto, tenga que ser revolucionario. Ser revolucionario es también una actitud ante la vida, ser revolucionario es también una actitud ante la realidad existente (…)”. Y agregaba más adelante: “Es posible que los hombres y las mujeres que tengan una actitud realmente revolucionaria ante la realidad no constituyan el sector mayoritario de la población; los revolucionarios son la vanguardia del pueblo, pero los revolucionarios deben aspirar a que marche junto a ellos todo el pueblo (…) la Revolución nunca debe renunciar a contar con la mayoría del pueblo; a contar, no sólo con los revolucionarios, sino con todos los ciudadanos honestos que aunque no sean revolucionarios, es decir, que aunque no tengan una actitud revolucionaria ante la vida, estén con ella. La Revolución sólo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios”.
Allí donde una Revolución ha triunfado, el adjetivo –que en el globalizado mundo del oficialismo burgués suele endilgarse como insulto–, se convierte en elogio. Una persona es trabajadora, “buena gente” y revolucionaria. La cotidianidad puede descontextualizar el sustrato rebelde y el significado político del término y reducir la condición del revolucionario a la honradez o a la decencia.
A veces, puesto que la Revolución ha tomado el poder, se identifica con el buen comportamiento o la corrección. Decimos: “en el fondo él (ella) es revolucionario(a)”, como si dijéramos que, más allá de sus apariencias, “es una persona noble”. Y creemos que el niño o el joven “más revolucionario”, es el que “se porta bien”. De cierta forma, el calificativo se aburguesa. Esto parece casi inevitable, pero no lo es: una Revolución en el poder necesita establecer su “normalidad”, su gobernabilidad.
Defenderse como poder político es la premisa de cualquier poder político, mucho más cuando se trata de un contrapoder acorralado por el Poder Global –que no solo acecha en el plano físico (material, militar), sino también en el espiritual, en el ámbito de la reproducción de valores–, y su normalidad es una “anormalidad” fuera de sus fronteras geográficas.
Ser revolucionario es participar en la consolidación del gobierno revolucionario, establecer un frente común con ese gobierno, para defender cada conquista y establecer las nuevas metas, aún cuando los grados de participación en la determinación de esas metas son aún insuficientes o se ejercen de manera formal. La democracia socialista, esencialmente superior, tiene todavía un largo camino por recorrer. Ser revolucionario también es participar desde la crítica comprometida. Criticar no es enunciar un hecho cierto, es actuar sobre él, empujarlo hacia su solución. Lo que otorga veracidad y justeza a una crítica no es el hecho enunciado, es su sentido. Si se desideologiza la crítica, se deshuesa, y se falsean sus enunciados.
De manera imperceptible, ocurre un lento proceso de separación o destilación del contenido “rebelde” que toda actitud revolucionaria presupone. Esto no es bueno. Vienen entonces los que enarbolan la rebeldía y la contraponen al ser revolucionario –vieja aspiración de la subversión imperialista: promover la rebeldía antirrevolucionaria, lo que significa decir, que los rebeldes sean antirebeldes, que aspiren a ser “normales”, inconformes frente a la rebeldía y conformes frente a la enajenación global–, o en sus antípodas, aquellos que consideran que el ser rebelde es el verdadero ser revolucionario.
Estos últimos pueden perder el sentido de orientación, porque la rebeldía a secas, habitualmente manipulada por el mercado capitalista, tiene una larga historia de convivencia y a veces de connivencia con el capitalismo. La rebeldía juvenil no es ni puede ser enemiga del espíritu revolucionario; ser revolucionario es la forma superior de ser rebelde. Sin la inconformidad que propicia la rebeldía y sin su disposición para romper moldes, normas, esquemas, es difícil ser revolucionario.
Las universidades cubanas no pueden ser “de o para los revolucionarios”, son centros formadores; deben ser, eso sí, formadoras de revolucionarios. De sus aulas salieron Mella y Fidel. El capitalismo (la cultura del tener) intenta domar la rebeldía incentivando sus formas primarias: el desacato, la irreverencia; intenta aislar al rebelde, concentrarlo en sí mismo, explotar al máximo su expresión individualista, transformarlo en un cínico. El socialismo (la cultura del ser), pretende encauzar esa rebeldía hacia la acción transformadora, ponerle mayúsculas, hacerla partícipe de las causas más justas de su época.
Vivo en el barrio centrohabanero de Colón, y muchas personas en mi entorno deben enfrentar enemigos más concretos e inmediatos que el imperialismo norteamericano, al menos eso parece, cuando la corrupción, la burocracia, la doble moral, la insensibilidad, el “sálvese quien pueda” se imponen. Creo, como ellos, que ese es el enemigo principal.
Pero no podemos confundir su nombre: se trata del capitalismo, de su capacidad para regenerarse dentro del socialismo, que no es más que un camino (no un lugar de llegada) hacia otro lugar, hacia otra esperanza o certeza de vida mejor. Si desvinculamos ese nombre de aquellas manifestaciones, o las enlazamos erróneamente al camino socialista que hemos emprendido, perdemos el rumbo. No podemos ser revolucionarios hoy, en este mundo globalizado, si no somos anticapitalistas, si no somos antiimperialistas. Si no sentimos como propios las conquistas, los peligros, las humillaciones, de otros pueblos. Si no defendemos la unidad de los revolucionarios cubanos y la de los pueblos latinoamericanos frente al imperialismo.
No podemos ser revolucionarios si creemos que el mundo tiene el largo y el ancho de una calle, o de un barrio, o de un país. Si aceptamos los consensos que otros construyen, y no construimos los nuestros. Si vaciamos cada palabra de los contenidos de combate, porque de inmediato serán llenadas de otros contenidos, por aquellos que nos combaten.
Martí, Mella, Guiteras, el Che, Fidel, se parecen demasiado, para que nos inventemos ese asunto de las generaciones. No han dejado de ser jóvenes. Cambian las tareas, las coordenadas, pero no las actitudes, los principios, el horizonte al que siempre nos acercamos sin llegar. Por otra parte, nadie se hace revolucionario de una vez y para siempre.
Hay que nacer como revolucionario cada mañana, cada día. Los papeles no están predestinados ni son inmutables: el héroe de 1868 pudo convertirse en traidor veinte años después; el indeciso de entonces, quizás empuñó las armas con dignidad en 1895; el guerrero valiente de la manigua pudo dejarse seducir por la corruptora política neocolonial; el enérgico antimachadista, desilusionarse de sus ideales de juventud o convertirse en un profesional de la violencia; el revolucionario de la Sierra o del Llano, acomodarse o enredarse en las redes del burocratismo; el escéptico de aquellos días, transformarse en un miliciano fervoroso, en un héroe cotidiano e invisible; el dirigente juvenil, acodado en el balcón de la buena conducta y los aplausos, convertirse en un repetidor de consignas vacías y el profesional rebelde, crecer como tal hasta hacerse revolucionario.
Entre unos y otros, disfrazados, están los oportunistas, los “pragmáticos”, los cínicos de siempre. A todos los cerca la historia y, de sus actos múltiples, solo perdura el instante de eticidad fundadora que sostiene a la Patria: “ese sol del mundo moral” que ilumina y define a los seres humanos, según la frase que Cintio rescatara de José de la Luz y Caballero. Una Patria que es Humanidad, que no está en la “hierba que pisan nuestras plantas”, o en unas costumbres siempre en evolución, sino en un proyecto colectivo de justicia. Una Patria que aspira a fundirse con la Humanidad, y que mientras, defiende su espacio para fundar, para crear, para proteger la dignidad plena de sus hombres y mujeres.
CUBADEBATE

domingo, 25 de septiembre de 2016

DESDE CUBA: "Gracias por hacerme saber"

De: Victor Hugo Parés Lores (Cuba)

gracias a la compañera y amiga Irene Perpiñal  

Querida Irene, recibí la noticia…  
 Diez militantes fueron detenidos por pintar  un mural en una escuela,

por la POLICIA de la capital Argentina.

Mi sencilla poesía, pero permanentemente militante, ojalá llegue a estos jóvenes, a   sus abuelas, demás familiares mis cubanos versos de elogio y reconocimiento

LOS NIETOS DEL SIGLO XXI EN TU PATRIA, HOY SON LOS MISMOS, COMO SON LOS MISMOS,  LOS ASESINOS GENOCIDAS DE AYER DEL SUR.


                                                 Gracias por hacerme saber
Víctor Hugo Parès Lores
La Habana, 24 de Sep. de 2016  1.00 AM


BIOLOGICAMENTE GUEVARIANOS

                           A  los jóvenes muralistas argentinos detenidos….

                                 
No  pueden  pintar  murales,
menos,  si  en  el  dice  Allende
cómo  resolver  los  males:

macros  MACRI  colosales,
que  regresan  del  pasado.


El  CONDOR   resucitado
reprime  con  vil  PODER.

Doy  veinte  versos  al  ver
que   hay   pincel… abuelizado.

                  I I

Pinte  siempre  su  pincel
contra  todo  lo  fallido,
si  retorna  lo  vencido
camuflado  en  un  vergel.

La  juventud  con  cincel
dé  escultura  futurista,
y  derribe  al  arribista
con  ARTE  y  LITERATURA,

la  guevariana  bravura
del  pueblo  anti imperialista.

Víctor Hugo Parès Lores


La Habana, 24 de Sep. de 2016 – 1.39 AM

Argentina: Diez militantes juveniles detenidos en la Capital por pintar un mural con una frase de Salvador Allende

Sin Censura /Resumen Latinoamericano, 22 septiembre 2016.- A las 16 horas del miércoles un operativo con cuatro patrulleros de la Capital Federal rodearon y detuvieron a diez jóvenes de La Cámpora militantes del Centro Cultural Independencia de San Cristobal que pintaban un mural en una pared lateral de una escuela sobre la plaza Velasco Ibarra, en Jujuy y México.
Los detenidos son seis chicos varones y cuatro chicas mujeres.De los diez solo dos estaban pintando el mural en el momento del operativo.
Les tomaron fotos de frente y de perfil y le sacaron fotos a las manos a ver si se veían rastros de la pintura utilizada en el mural.
El mural que pintaban asesorados por una artista plástica decía “”Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”. Salvador Allende.